No hay que
ser pescador para apreciar la pesca, ni ser corredor para saber correr. Es más, a veces al saber cómo correr, nos
limitamos. Es decir, al adentrarnos y
asimilarnos con un concepto de lo que es correr, podemos crear una distancia
cognitiva bastante estorbosa, alejándonos del ir y subir de los hombros. No hay nada más que eso, y lo otro, como el
pi-ti-pa-te-o de los pies sobre la superficie.
Hay compresión y extensión de las piernas, y caderas bien puestas, eje
de tu torso y conciencia. Ya, lo de las
ideas sobre correr, y los estados “ideales”—refiriéndonos a esto como un estado
donde los pensamientos rugen nuestra atención—nos divorcia de la mera
espontaneidad de lo que puede ser entendido como un primate bípedo, yendo a un
ritmo más rápido del que se usa para caminar.
Brinca
pi-t-pat-eo, y vendrán ideas bonitas también.
No soy el némesis de ellas. No las opongo. Dispongo.

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